El pasado 27 de febrero se cumplió un año de la confirmación del primer caso de COVID-19 en México. A partir de esa fecha, la pandemia devoró millones de puestos de trabajo y dejó en precariedad a familias enteras.
El primer golpe ocurrió en abril del 2020, cuando el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) reportó que al menos 12 millones de personas salieron de la población económicamente activa, al tiempo que la informalidad creció en medio de las restricciones a la movilidad producto de la jornada nacional de sana distancia y el semáforo epidemiológico que se implementó a nivel nacional.
Al cierre del 2020, el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) informó que México cerró con 647 mil puestos de trabajo formal menos que el 2019, al tiempo que sectores no esenciales de la economía permanecieron cerrados ante el temor de un repunte en el número de casos y el riesgo de colapso del sistema hospitalario.
México sufrió el mayor desplome del Producto Interno Bruto (PIB) desde la gran depresión, con una caída del 8.2 por ciento. Al mes de enero, la tasa de desempleo ascendió al 4.7 por ciento, casi un punto porcentual arriba del mismo período del año anterior.
Pero sin duda las pérdidas humanas son la peor cuota que ha dejado a su paso la pandemia, con más de 184 mil muertos y 2 millones de personas atendidas en el sistema de salud, lo que a un año de distancia coloca a México en el tercer lugar a nivel mundial en el número de decesos a causa de la pandemia.
A pesar del escenario adverso, el Banco de México presentó un análisis respecto al comportamiento de la economía de cara al 2021, en el estableció un escenario optimista de crecimiento económico del 6.7 por ciento. Este “mejor escenario” depende del desarrollo, producción y distribución de vacunas, aunado al repunte de la economía de Estados Unidos de la mano de un esquema agresivo de vacunación del gobierno que encabeza Joe Biden.