Padecen mujeres carga mental relacionada al trabajo de cuidados
La carga mental puede afectar a los progenitores, a las y los hijos adultos que cuidan de familiares de edad avanzada, a las parejas o a familiares que se encargan de las tareas domésticas.

La carga mental es el trabajo emocional y mental invisible que supone gestionar las interminables listas de pendientes de la vida cotidiana, como cuidar de otras personas, ocuparse del hogar y delegar tareas. Es la energía que dedicamos a pensar y prever necesidades y labores, a organizarlas y a llevar a cabo un seguimiento para asegurarnos de que se hayan realizado.
En el contexto de nuestros hogares y nuestras familias, la carga mental puede afectar a los progenitores, a las y los hijos adultos que cuidan de familiares de edad avanzada, a las parejas o a familiares que se encargan de las tareas domésticas, así como a las personas que se dedican al bienestar de sus comunidades locales.
En las relaciones, las familias y las comunidades, las mujeres siguen asumiendo la mayor parte de las responsabilidades domésticas y de cuidados no remuneradas, así como la carga mental que conllevan.
¿Por qué? Porque muchas personas crecemos absorbiendo estereotipos de género sobre las tareas de cuidados y el arraigado mito del trabajo femenino: el estereotipo persistente de que las mujeres son, por naturaleza, más competentes e intuitivas a la hora de cuidar, cocinar, limpiar y organizar el hogar.
La brecha de género en la carga mental suele mantenerse incluso cuando las mujeres son la principal fuente de ingresos en sus relaciones. Y dado que las responsabilidades de las mujeres suelen implicar que tengan que compaginar un mayor número de tareas, se considera que se les da mejor realizar múltiples tareas de manera simultánea. Pero pasar de una tarea a otra resulta agotador para cualquiera, tanto desde el punto de vista físico como mental.
Las mujeres dedican diariamente 2.5 veces más horas al trabajo de cuidados no remunerado que los hombres, ocupándose de familiares, cocinando, limpiando y gestionando las tareas del hogar.
El 45% de las mujeres en edad de trabajar se encuentran fuera del mercado laboral debido a sus responsabilidades de cuidados, frente a solo el 5 por ciento de los hombres.
Estas expectativas también transmiten a los hombres y niños la idea de que no están capacitados para asumir el liderazgo ni para gestionar las responsabilidades domésticas tan bien como las mujeres y niñas. Sus funciones quedan relegadas a las de ayudantes, meros espectadores o, simplemente, receptores.
